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Por amor a la vida: No dejo nada a la suerte

Foto del escritor: Elisa G. AltamiranoElisa G. Altamirano

¿Has escuchado a alguien decir “de algo me he de morir”? Por lo regular lo dicen cuando les advertimos sobre alguna conducta de riesgo como:


- Beber en exceso y conducir un auto

- Comer demasiadas carnes rojas, comida chatarra o exceso de grasas

- No tratar con un profesional alguna adicción como el alcohol, drogas; o adicciones a hábitos como juegos en dispositivos electrónicos, pasando horas sin descanso para alcanzar niveles altos en los juegos.


Conductas de riesgo hay muchas, y no solo ponen en juego sus vidas sino las vidas de quienes están a su alrededor. Desde vivir bajo tensión por cómo pasarán el día a día con quien deja a la suerte su destino, vivir con estrés por no saber lidiar con ellos, hasta padecer agresiones o violencia generada por ese estilo de vida irresponsable.


Dejar a la suerte el futuro es un acto irresponsable. Dejar que nuestros entorno social se desequilibre porque no tomamos decisiones sabias, es un acto irresponsable. Provocar inestabilidad familiar porque no tenemos control de nuestras vidas… Es un acto irresponsable.


Si entendemos que vivimos en sociedad, y que alguien seguramente estará observando nuestra forma de vivir, y que ese alguien es un niño en formación, entenderemos la gravedad de dejar todo a la suerte. Aunque no lo sepas, aunque no lo creas, o aunque no lo quieras, eres el modelo de alguien. Le estás enseñando una forma de vida. Y muy seguramente si sigue tus pasos, le estarás estropeando un valiosa oportunidad de vivir honorablemente.


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No dejar nuestra vida a la suerte, entonces, es mantenernos atentos a cada aspecto de nuestra vida, elegir cómo vivir para generar resultados positivos en nuestra vida, la de nuestra familia, y todo nuestro entorno. Generamos tranquilidad, y seguridad social.


La vida es un suspiro, es otro dicho muy recurrente en las personas mayores. Y es verdad, el tiempo pasa mientras nos mantenemos ocupado en actividades cotidianas y casi mecánicas como el trabajo, la escuela, el trasporte, los pagos, quizá los amigos. Y de pronto estamos a punto de la jubilación, dejamos la juventud y la energía hace mucho tiempo atrás. Y entonces entendemos literalmente qué es dejar la vida a la suerte.


La vejez es una etapa vulnerable, igual que la infancia. Si no cuidamos nuestro estilo de vida, si no enseñamos un estilo de vida saludable a los niños, quizá la vejez se vuelva una etapa dolorosa, una etapa difícil, y en ocasiones, una etapa en soledad.


El dicho con el que inicio esta entrada de blog es totalmente cierta “de algo hemos de morir”, pero espero sinceramente, que de todas las posibilidades que ofrece esta vida ese “algo” no sea una enfermedad que pudimos prevenir, o un accidente que pudimos evitar.


Por amor a la vida, yo no dejo mi futuro a la suerte.

 
 
 

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